Cuando se interroga por el porvenir de la educación, resulta problemático en estos tiempos de incertidumbre, por decir lo menos, obtener cualquier respuesta que pueda tranquilizarnos. La escuela, el maestro, el saber, la infancia y el sistema educativo en general han alcanzado un alto grado de complejidad imposible de desagregar u organizar de forma completa. Es cierto que la educación es un campo amplio de objetos, saberes e instituciones que está atravesado por políticas, relaciones, significaciones históricas y reformas que intentan afectar su naturaleza, función social y estructura. De igual forma, resulta evidente que cada uno de nosotros vive la encrucijada de esta experiencia generalizada que parece estar en crisis2 y, sin embargo, no hay en principio, novedad alguna en tal crisis. Nuestra época es particularmente poliédrica en relaciones y juegos de poder, circunstancia que acrecienta la utilidad de aquellos análisis capaces de captar lo divergente, ponderar la ambigüedad y...